COLEGIO SANTA MONICA. ALGECO

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¿Ha venido la industrialización para quedarse?

24/02/2017
Existen dos percepciones en torno a la construcción industrializada. Pertenecen a unos u a otros pero a veces incluso se dan en una misma persona. Por un lado, una que le augura un futuro prometedor como una construcción más eficaz, de mayor calidad sin aumentar los costes o incluso reduciéndolos, gracias a los procesos industrializados, y por otro, una percepción antagónica que ve la construcción industrializada, modular o prefabricada, como una construcción con un pasado oscuro, como un producto de baja calidad, por debajo de los estándares y las prestaciones exigibles a la construcción tradicional. En esta doble percepción se sitúa la construcción industrializada, como en una especie de esquizofrenia permanente que paraliza su desarrollo, entre esperanzas de mejora y estigmas del pasado. 
 
Es cierto que la construcción industrializada se labró una determinada reputación al dar respuesta a una determinada necesidad, la de espacios provisionales, que finalmente pesó como un ancla, para acabar estigmatizando al sector. La imagen de módulos prefabricados como solución temporal en colegios públicos, solución de bajo coste y precaria se adhirió en exceso como imagen de marca, de manera que se asoció desde entonces los términos modular o prefabricado con bajo coste y mala calidad. Lo que quizá no se sabía por entonces era el daño que al sector le podría ocasionar el que se nos encasillará en ese sector, el bajo coste, la temporalidad o la precariedad. 
 
La industrialización de la construcción no vino para ofrecer un producto de peor calidad. Este tipo de progreso es totalmente absurdo. Industrializar tiene como fin el hacer más con menos pero mejor, con el fin de hacer accesible a un público lo más amplio posible un producto de calidad. Esta es la base de la industrialización, pero esta base quedó enterrada en toneladas de aulas precarias, en las cuales no se daban las condiciones mínimas de habitabilidad. 
 
Tanto fue así que la comunidad de Madrid se vanagloriaba de no utilizar módulos prefabricados en sus escuelas. Llegados a este punto deberían saltar todas las alarmas de cualquier mente cabal y progresista. ¿cómo vamos a renunciar a utilizar la mejor tecnología disponible para llevar a cabo nuestros espacios comunitarios? ¿cómo podemos permitirnos utilizar de manera tan irresponsable nuestros recursos? ¿cómo podemos rechazar de partida los progresos que en la construcción pueden otorgar los procesos industrializados? 
 
Que difícil es borrar ese pasado. La única manera posible sería la de enterrar esa percepción bajo toneladas de propuestas de calidad, y he aquí que tenemos la propuesta para el colegio Santa Mónica en Rivas Vaciamadrid del arquitecto Javier Antón, llevado a cabo por Algeco, del cual os dejamos un link para que podais ver el video explicando el proyecto. Una construcción modular, realizada en taller, con unos altos estándares de eficiencia energética, que demuestra como la construcción modular es la respuesta más eficaz a las demandas del sector educativo en cuanto a tiempos de ejecución, confort y coste de mantenimiento y como valor añadido, un gran diseño arquitectónico.
 
La propuesta para el colegio Santa Monica resuelve el problema de falta de aulas para la comunidad educativa con un sistema de módulos de estructura metálica revestidos de paneles de policarbonato, translucidos y de color que aportan luminosidad al espacio interior, mientras aislan el conjunto. La construcción en taller o, como es conocida en los circuitos académicos, construcción off-site, permitió reducir los plazos de ejecución al simultanear la tramitación de la licencia y la obra civil (cimentación y acometidas de servicios y evacuaciones) con la fabricación de los módulos en taller, lo que redujo las obras en parcela a escasos 4 meses, permitiendo tener incluso un mes de margen para el equipamiento de las aulas antes de la apertura del curso académico.
 
La propuesta viene a romper todos los prejuicios que se han ido adheriendo a la construcción industrializada para aportar todas las bonanzas. En el colegio de Santa Mónica se da todo aquello que la percepción optimista espera de la construcción industrializada. Una arquitectura ágil, rápida, de calidad, personal y sostenible. Una arquitectura que mejora las prestaciones de la arquitectura tradicional, que utiliza menos recursos, consume menos energía y lleva menos tiempo de ejecución (cuestión nada desdeñable en un sector donde los tiempos de inicio de actividad están tan marcados)
 
Necesitamos más proyectos de este tipo donde comunidad educativa, arquitecto e industrial formen un trinomio de éxito como este. Lamentablemente el pasado de la construcción industrializada no nos lo va a poner fácil, y tenemos que empezar desde más atrás de la línea de salida. Pero poco a poco, esa percepción va dando lugar a otra, en la que la construcción industrializada se ve como una opción de calidad accesible, con prestaciones en cuanto a consumo, plazos y calidad imposibles de batir por la construcción tradicional, sin suponer un aumento de precio.
 
Proyectos como este vienen a decir que la construcción industrializada está encontrando su verdadera vocación y su verdadero camino a través de las apuestas de calidad. Y si el público empieza a percibir esto, entonces la industrialización ha venido para quedarse.
 
 
 
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